En la Feria
del Libro de Santiago, de noviembre de 2013, el periodista Pablo Gacitúa López
declaró que su libro “Cómo Quisiera Decirte” fue realizado pensando en hacer
justicia a “Los Ángeles Negros”, considerada la
banda de música popular más exitosa de Chile sin embargo la menos
reconocida por la crítica profesional. Los músicos fundamentales de Chile
–dijo- han sido Lucho Gatica, Violeta Parra, Los Jaivas, Los Prisioneros, sobre todos los cuales se
han escrito sendos libros o realizado producciones cinematográficas y
documentales de televisión, menos sobre Los Ángeles Negros. “Cómo Quisiera
Decirte” quiere rescatar esa historia, y en un trabajo de seguimiento de cuatro años, por distintos países, siguiendo la pista de los ex integrantes, sus managers
y representantes, sumergiéndose en toneladas de papel entintado de periódicos y
revistas de una época que abarca más de un decenio, el autor logra una obra que
se yergue como un verdadero opúsculo sobre “Los Ángeles Negros”, una apología, como
dice él, para conocimiento de las futuras generaciones.
Sobre el origen de la banda “Los Ángeles Negros” se podría decir mucho, pero en síntesis es dable citar al respecto algunos vocativos y palabras muy decidores, como San Carlos, Hemanos Blasser, Radio La Discusión de Chillán, Germaín de la Fuente, Orlando Salinas, Mario Gutiérrez y Porque Te Quiero. ¿Cómo se ordena este naipe? Pues bien, en 1968, algunos alumnos de los cursos superiores de la Escuela Consolidada de San Carlos, entre los que destacaba el guitarrista Mario Gutiérrez, formaron una bandita para tocar en los recreos y pasaban a ensayar después en la casa de los hermanos Christian y Federico Blasser. Su interés era la música rock la cual ejecutaban en forma instrumental con temas como “Sonambulismo”, “Blue Star” o “Te Quiero”, cuyos intérpretes originales eran The Shadows y Los Diablos Azules. Con el tiempo los muchachos se fueron consolidando como grupo y decidieron participar en un concurso musical organizado por la radio “La Discusión” de Chillán, y entonces decidieron dos cosas muy importantes: primero, ponerse un nombre, de donde derivó, después de varias tentativas, “Los Ángeles Negros”, así como ya existían unos “Diablos Azules”; y, segundo, procurarse un cantante, para lo cual invitaron a participar a Germaín de la Fuente, un sancarlino como ellos que trabajaba en la quinta de recreo “El Parronal”, de propiedad de su familia, tocando el acordeón y cantando rancheras y boleros. Y allí surgió el primer problema porque Germaín era admirador de Yaco Monti, Rapahel y Lucho Gatica e interpretaba temas como “La Malagueña” o “Granada”, formando con un par de amigos el“Trío Inspiración” con el cual imitaban a Los Panchos. Es decir, nada cercano al rock and roll que querían Mario Gutiérrez y los hermanos Blasser. Pero lo mismo sirvió como motivo para dar a la agrupación el tinte y el sello que a la postre les brindaría el éxito y la fama que les acompañó durante toda su existencia como tal, esto es, realizar una combinación de ambos estilos, tocar baladas y música romántica en general pero en formato electrónico. Y aquí comparece el último elemento de la saga, Orlando Salinas, quien para esa época tenía un espacio en Radio Corporación, en Santiago, dando oportunidades a jóvenes cantantes aficionados. Salinas era también compositor y un tema suyo, “Porque te quiero”, fue grabado por José Seves (quien con el tiempo llegaría a ser integrante de Inti Illimani), siendo difundido por las disquerías del país, aunque con poco éxito, llegando a San Carlos, en donde una amiga de los Blasser, cuyo papá era dueño de la disquería de la plaza de armas de la ciudad, lo descubrió, proponiéndolo como el gran tema que debía presentar la banda en el concurso para el que se estaban preparando. En la melodiosa voz de Germaín, dicho tema adquiere unos tonos más modernos (la versión de Seves le da unos cortes medio folclóricos, a la usanza de esa época) y lo convierte en un éxito top. Y así nace “Porque mi corazón late, más fuerte cuando te veo/ y el alma se me agiganta, cada vez que en ti yo pienso/ porque mis tan solas noches, se me arrullan en la mente/ me doy cuenta que eres tú, aquella a quien tanto quiero…”, interpretada por la voz de Germaín de la Fuente, una de la voces más potentes de toda la historia musical de Chile, quien además ejecutaba el teclado eléctrico, acompañado por la guitarra eléctrica y casi llorona de Mario Gutiérrez, el bajo de Sergio Rojas (el inspector del liceo) y la batería de Christian Blasser, estando su hermano Federico en la segunda guitarra. Fueron éxito total, ganaron el concurso y viajaron a Santiago a grabar su primer disco, un single en el sello Indis, que era el premio ofrecido en el certamen, y todo San Carlos los fue a despedir a la estación. Pero el grupo no prosperó mayormente, los Blasser se fueron al servicio militar y los otros integrantes se dispersaron por distintos motivos, quedando solamente Gutiérrez y De la Fuente. Como tenían compromisos adquiridos, su productores convocaron a otros músicos, más profesionales y provenientes de otras bandas, pasando varios de ellos hasta llegar a la formación clásica de Los Ángeles Negros, aquella integrada por Jorge González, organista, Luis Ortiz, baterista, Nano Concha, guitarrista, Mario Gutiérrez, primera guitarra, y Germaín de la Fuente, cantante. Por su parte, Orlando Salinas les continuó aportando temas y además otros compositores como Scottie Scott, Osvaldo Geldres y el propio Pollo Fuentes hicieron temas especiales para ellos, los que unido a las composiciones del propio Germaín, de Nano y Mario, dieron lugar a las canciones típicas de Los Ángeles Negros, aquellas que han alcanzado el rango de imperecederas y de las cuales se puede nombrar a “Murió la flor”, “Y volveré (cover de la francesa Emporte moi)”, “Cómo quisiera decirte”, “El rey yo”, “Mi niña “, “Tanto amor”, “Te dejo la ciudad”, “Debut y Despedida”, “El Tren hacia el olvido”, “No morirá jamás” y tantas otras. No triunfaron plenamente en Chile porque era la época de la Nueva Ola, con la interpretación de temas traducidos del Inglés, la época de los hippies y Los Beatles (y ellos se cortaron el pelo y se pusieron terno), pero sí lo hicieron y en gran forma en toda América Latina, causando furor en Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Paraguay, América Central y el Caribe, y después Argentina y México, incluso los estados latinos de Estados Unidos, llegando a tener por lo menos una actuación en el Madison Square Garden, en Nueva York.
Sobre el origen de la banda “Los Ángeles Negros” se podría decir mucho, pero en síntesis es dable citar al respecto algunos vocativos y palabras muy decidores, como San Carlos, Hemanos Blasser, Radio La Discusión de Chillán, Germaín de la Fuente, Orlando Salinas, Mario Gutiérrez y Porque Te Quiero. ¿Cómo se ordena este naipe? Pues bien, en 1968, algunos alumnos de los cursos superiores de la Escuela Consolidada de San Carlos, entre los que destacaba el guitarrista Mario Gutiérrez, formaron una bandita para tocar en los recreos y pasaban a ensayar después en la casa de los hermanos Christian y Federico Blasser. Su interés era la música rock la cual ejecutaban en forma instrumental con temas como “Sonambulismo”, “Blue Star” o “Te Quiero”, cuyos intérpretes originales eran The Shadows y Los Diablos Azules. Con el tiempo los muchachos se fueron consolidando como grupo y decidieron participar en un concurso musical organizado por la radio “La Discusión” de Chillán, y entonces decidieron dos cosas muy importantes: primero, ponerse un nombre, de donde derivó, después de varias tentativas, “Los Ángeles Negros”, así como ya existían unos “Diablos Azules”; y, segundo, procurarse un cantante, para lo cual invitaron a participar a Germaín de la Fuente, un sancarlino como ellos que trabajaba en la quinta de recreo “El Parronal”, de propiedad de su familia, tocando el acordeón y cantando rancheras y boleros. Y allí surgió el primer problema porque Germaín era admirador de Yaco Monti, Rapahel y Lucho Gatica e interpretaba temas como “La Malagueña” o “Granada”, formando con un par de amigos el“Trío Inspiración” con el cual imitaban a Los Panchos. Es decir, nada cercano al rock and roll que querían Mario Gutiérrez y los hermanos Blasser. Pero lo mismo sirvió como motivo para dar a la agrupación el tinte y el sello que a la postre les brindaría el éxito y la fama que les acompañó durante toda su existencia como tal, esto es, realizar una combinación de ambos estilos, tocar baladas y música romántica en general pero en formato electrónico. Y aquí comparece el último elemento de la saga, Orlando Salinas, quien para esa época tenía un espacio en Radio Corporación, en Santiago, dando oportunidades a jóvenes cantantes aficionados. Salinas era también compositor y un tema suyo, “Porque te quiero”, fue grabado por José Seves (quien con el tiempo llegaría a ser integrante de Inti Illimani), siendo difundido por las disquerías del país, aunque con poco éxito, llegando a San Carlos, en donde una amiga de los Blasser, cuyo papá era dueño de la disquería de la plaza de armas de la ciudad, lo descubrió, proponiéndolo como el gran tema que debía presentar la banda en el concurso para el que se estaban preparando. En la melodiosa voz de Germaín, dicho tema adquiere unos tonos más modernos (la versión de Seves le da unos cortes medio folclóricos, a la usanza de esa época) y lo convierte en un éxito top. Y así nace “Porque mi corazón late, más fuerte cuando te veo/ y el alma se me agiganta, cada vez que en ti yo pienso/ porque mis tan solas noches, se me arrullan en la mente/ me doy cuenta que eres tú, aquella a quien tanto quiero…”, interpretada por la voz de Germaín de la Fuente, una de la voces más potentes de toda la historia musical de Chile, quien además ejecutaba el teclado eléctrico, acompañado por la guitarra eléctrica y casi llorona de Mario Gutiérrez, el bajo de Sergio Rojas (el inspector del liceo) y la batería de Christian Blasser, estando su hermano Federico en la segunda guitarra. Fueron éxito total, ganaron el concurso y viajaron a Santiago a grabar su primer disco, un single en el sello Indis, que era el premio ofrecido en el certamen, y todo San Carlos los fue a despedir a la estación. Pero el grupo no prosperó mayormente, los Blasser se fueron al servicio militar y los otros integrantes se dispersaron por distintos motivos, quedando solamente Gutiérrez y De la Fuente. Como tenían compromisos adquiridos, su productores convocaron a otros músicos, más profesionales y provenientes de otras bandas, pasando varios de ellos hasta llegar a la formación clásica de Los Ángeles Negros, aquella integrada por Jorge González, organista, Luis Ortiz, baterista, Nano Concha, guitarrista, Mario Gutiérrez, primera guitarra, y Germaín de la Fuente, cantante. Por su parte, Orlando Salinas les continuó aportando temas y además otros compositores como Scottie Scott, Osvaldo Geldres y el propio Pollo Fuentes hicieron temas especiales para ellos, los que unido a las composiciones del propio Germaín, de Nano y Mario, dieron lugar a las canciones típicas de Los Ángeles Negros, aquellas que han alcanzado el rango de imperecederas y de las cuales se puede nombrar a “Murió la flor”, “Y volveré (cover de la francesa Emporte moi)”, “Cómo quisiera decirte”, “El rey yo”, “Mi niña “, “Tanto amor”, “Te dejo la ciudad”, “Debut y Despedida”, “El Tren hacia el olvido”, “No morirá jamás” y tantas otras. No triunfaron plenamente en Chile porque era la época de la Nueva Ola, con la interpretación de temas traducidos del Inglés, la época de los hippies y Los Beatles (y ellos se cortaron el pelo y se pusieron terno), pero sí lo hicieron y en gran forma en toda América Latina, causando furor en Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Paraguay, América Central y el Caribe, y después Argentina y México, incluso los estados latinos de Estados Unidos, llegando a tener por lo menos una actuación en el Madison Square Garden, en Nueva York.
La primera
parte de la obra del periodista Luis Gacitúa hace un recuento de esta historia
de la banda, su origen, sus éxitos, sus grabaciones y sus interminables giras;
y también de sus problemas y desavenencias, por el natural choque de egos, y de
sus distintas formaciones, porque abandonos hubo, el más importante el de
Germaín quien pasó a desempeñarse como solista, con relativo éxito, debiendo ser
reemplazado en el conjunto por otros cantantes, sucesivamente dos mexicanos,
un argentino y varios chilenos, todos de gran calidad vocal pero nunca tan
buenos como Germaín quien contribuyó con su voz y su calidad artística a darle a la banda su imagen característica. Pero resulta notable el
hecho de que constituyendo un grupo de música popular triunfante y reconocido en todo el mundo hispano de América, con una y mil actuaciones desde el Río
Grande hasta la Patagonia, no haya tenido en su propio país, Chile, la
repercusión que sí tuvo, y con creces, en el extranjero. Y de esto trata la
segunda parte del libro, haciendo una verdadera defensa de esa obra y de ese
legado musical. Porque el autor considera que evidentemente fueron un aporte, primero con
la creación de un estilo propio, el bolero electrónico, y luego con la senda
que marcaron para otros conjuntos seguidores del estilo, y para la música romántica
en general. Y en este sentido cabe destacar que desde sus tiempos tuvieron
no sólo competidores, como “Los Galos”, sino también verdaderos seguidores, y quizás imitadores,
como “Los Golpes”, “Capa Blanca”, “Punto Seis”, Zalo Reyes; y en el extranjero
“Los Bukis (con el mismísimo Marco Antonio Solís como integrante)” y “Los
Temerarios”, en México; “Los Cuatro Soles” y “Los Linces”, en Argentina; “Los
“Pasteles Verdes”, en Perú; “Los Terrícolas”, en Venezuela. Así como
plagiadores los cuales están en todas partes, especialmente en la frontera de
México con Estados Unidos. Mención aparte merecen los conjuntos chilenos “Los
Tres”, “Los Prisioneros” y “Los Bunkers” quienes han reconocido influencia del
conjunto nacido en San Carlos, lo mismo que el cantante Douglas, quien junto a
artistas de talla mundial como José José, Vicky Carr, Raphael, Celia Cruz,
Lucero y José Luis Rodríguez han interpretado alguna vez temas de su
repertorio, incluso en otros ritmos como la salsa o el hip hop (caso de The Beastie
Boys), y hasta el Bafona despliega una de sus coreografías al son de uno de los
conocidos temas.
Lo cierto es que en Chile se mira en menos a
Los Ángeles Negros por su carácter “cebolla”. Pero qué es la cebolla en música,
se pregunta el autor: nada más que romanticismo puro y exacerbado. Lucho
Barrios fue cebolla y, lo mismo que Los Ángeles Negros”, tocaron toda su vida y
han sido los que más han vendido y los que han liderado mayor número de rankings. La
temática cebolla se asocia en nuestro país con el lastimerío y la emoción no
contenida por corazones trizados, propia de culturas de escasa educación,
rayanas en la pobreza, el alcoholismo y la marginalidad. Pero, continúa, el
escritor, Sandro, Fabio, Arjona, Julio Iglesias, Juan Gabriel (este último en
grado extremo) también serían cebollas en igual sentido, y nadie dice nada al
respecto. Y si hilamos más fino, las letras de Lennon y McCartney, traducidas
al español, caerían en lo mismo. La
verdad es que en el irreconocimento nacional a Los Ángeles Negros no cabe más
que el típico chaqueteo chilensis, un placer culpable diría Lucho Barrios, porque
hasta en lo más encumbrado del barrio alto se escuchan estos temas, es decir,
los tocan regularmente en cualquier fiesta o cumpleaños, para renegarlo después
en público. Aún así nos quedamos con la opinión del presidente de la Sociedad
del Derecho de Autor en Chile, que el 7 de enero de 2004 entregó al grupo el
Premio a la Figura Fundamental de la Música Chilena, basado en que “la voz de
Germaín de la Fuente, de cuidada pronunciación y vibrato, con capacidad para
sostener las notas y con un fraseo claro y declamatorio –perfecta para la
balada pero ajena al rock-“, se confabuló con la guitarra eléctrica tocada por
Mario Gutiérrez y el órgano electrónico de Jorge González, más el bajo de
Sergio Rojas primero y Nano Concha después, y la batería de Christian Blasser
en primer término y Lucho Ortiz al final, para conformar un sonido nuevo y
dialogante, nunca antes tocado, a partir del bolero y la balada, y sólo comparable
con el funky europeo, “impregnando de romanticismo latino el sonido electrónico
y rebelde del rock”. Un conjunto musical
con presencia en toda América y en espacios impredecibles dado su
carácter original y cuya masa heterogénea e inacabable de seguidores le ha de demandar
la inmortalidad, porque, parafraseando uno de sus conocidos temas, esa música "no morirá jamás".

No hay comentarios:
Publicar un comentario