sábado, 27 de julio de 2013

O vivir con honor...

                       

               Imperecederas son las expresiones del Libertador Bernardo O’Higgins Riquelme en El Roble, el 17 de octubre de 1813: “O vivir con honor o morir con gloria, el que se valiente sígame…”
                La Sorpresa de El Roble fue un hecho de armas de la guerra de independencia, durante la llamada Patria Vieja, entre las fuerzas realistas enviadas por el coronel español Francisco Sánchez, quien a la sazón permanecía guarnecido en Chillán, y el ejército patriota, comandado por el generalísimo José Miguel Carrera, sobre el paso del Roble, en el río Itata, cerca de su confluencia con el Ñuble, que empezó como una audaz sorpresa por parte de los realistas, constituidos en esa oportunidad por disminuidas guerrillas, y culminó como un gran triunfo para las armas patriotas, el primero después de una serie de reveses marciales.
                Efectivamente, aquel año de 1813 había resultado funesto para el  ejército de la ex colonia americana que daba sus primeros pasos en su afán de independencia, con un gobierno dictatorial y revolucionario en la persona del mismo Carrera, y enfrentando una primera oposición armada virreinal que había desembarcado a comienzos de ese año en San Vicente-Talcahuano, comandada por el brigadier español Antonio Pareja, el cual, al fallecer de enfermedad grave en el Sitio de Chillán, había sido sucedido por el mencionado coronel Sánchez.  José Miguel Carrera en persona, flamante oficial de Húsares de Galicia, se había puesto al frente de sus hombres y acudido al Sur a dar la batalla, delegando el poder en la nueva junta de gobierno, constituida por Infante, Eyzaguirre y Errázuriz. Sin embargo, todos los encuentros armados de ese primer semestre de 1813 resultaron negativos para don José Miguel y sus huestes. Primeramente,  porque lo que pretendió ser una sorpresa en Yerbas Buenas, el 26 de abril, terminó siendo una irónica derrota; y luego, en San Carlos, el 15 de mayo, una férrea defensa impuesta por los realistas puso a los  soldados patriotas en vergonzosa dispersión. El broche se obtuvo en Chillán, el 3 y 6 de agosto, en donde  Carrera fue a poner sitio con toda pompa y terminó desbaratado no sólo por la tenaz  defensa contraria sino que fundamentalmente por los rigores del invierno.  
                Para más remate, todo el Sur (léase el territorio comprendido entre el Maule y Concepción) quedó íntegramente afectado por la guerra y con odio a quienes la empezaron,   o sea los patriotas, y, dentro de ellos, los Carrera. José Miguel había cometido el error de entregar Talcahuano al saqueo de sus tropas, comenzando una seguidilla –que después, aunque lo intentó, no pudo parar- de atentados y abusos en contra de todo aquel hubiese manifestado su voluntad o reconocimiento para la causa del rey. Se sucedieron así los arrestos, los juicios sumarios, los crímenes y los fusilamientos, la confiscación de propiedades y las vejaciones, actos todos llevados a cabo, primero por funcionarios oficiales, después por simples soldados que corrían con colores propios, y al final por el bandidaje desatado. Y aquí cayeron no sólo familias de realistas declarados, sino que también personas neutras, que eran las más, e incluso familias de patriotas. Pero los del rey no lo hicieron peor, aunque en forma más selectiva. Por ejemplo, cuando el coronel Sánchez se enteró de que su esposa e hijas habían sido tomadas prisioneras por los patriotas en Concepción, envió especialmente al oficial Ildefonso Elorreaga y sus guerrillas a atacar la hacienda de las Canteras, en Los Ángeles, de propiedad de don Bernardo O’Higgins, para hacer prisioneras a doña Isabel Riquelme y doña Rosa Rodríguez, madre y hermana del Libertador, las cuales fueron llevadas a Chillán. Las Canteras quedó destruida y el Sur, en general, convertido en un desastre: campos devastados, hombres ausentes, ya sea por la guerra o porque huían a esconderse,  viviendas quemadas, cercos arruinados, animales libres deambulando por las pampas o los cerros, mujeres ultrajadas.  No había producción ni abastecimientos, y los Carrera se fueron quedando solos, con un ejército empobrecido pues el gobierno de Santiago, al tenor de los reclamos, restringió los suministros y emitió pública amenaza de deponer a don José Miguel de su cargo de general en jefe.  Además, Sánchez se hizo fuerte en Chillán y desde allí envió piquetes de soldados, al mando de sus principales oficiales, el nombrado Ildefonso  Elorreaga, Clemente Lantaño, Luis Urrejola, Antonio Quintanilla, Manuel Barañao, todos hombres de la zona por lo tanto expertos y conocedores de aquellos parajes, a hostilizar, molestar, impedir toda acción de las fuerzas patriotas. Elorreaga tomó Los Ángeles, Nacimiento, Laja y Arauco. Lantaño y el guerrillero Luis Antonio Olate, Quirihue y Cauquenes. Incluso los realistas amenazaron a Concepción. La gente, los campesinos, la población, los apoyaba. También los mapuches.   
                Para salir de este estado de cosas, Carrera requería urgente de un triunfo y por eso insistió en Chillán, acudiendo, a principios de octubre, con toda su gente a intentar el asalto y toma de la ciudad que se había convertido en la base de operaciones de las fuerzas realistas. La tarde del 16, acampó en la ribera sur del Itata, con el ejército fraccionado en dos divisiones, una de las cuales se ubicó en el paso del Roble y la otra unos 6 kilómetros más al occidente. Sánchez había enviado a sus guerrillas a incomodar el avance patriota pero el guerrillero Olate concibió dar un golpe de sorpresa durante la madrugada, por lo cual, dejando alguna fuerza en el ribera norte del río, a la vista de los patriotas acampados en El Roble, cruzó con las fuerzas de Lantaño,  Elorreaga y Urrejola un kilómetro más arriba y atacó desde el sur oriente, mientras las fuerzas ubicadas frente a El Roble hacían bulla  con tambores y clarines y apenas un cañón.
                Los patriotas acusaron el golpe y tendieron a desorganizarse lo cual habría sucedido de no mediar el esfuerzo de jefes esclarecidos, como el capitán José Joaquín Prieto, quien logró reunir un par de pelotones y hacerse fuerte en un cerrito.  Al lugar fueron llegando más jefes con nuevas fuerzas, los oficiales José María Benavente, Manuel Bulnes y también O’Higgins quien tomó el mando y enardeció el ánimo de los soldados con sus arengas no obstante haber sido herido en una pierna. Los patriotas se fueron haciendo más y más fuertes y terminaron por rechazar a los realistas hasta más allá del río.
                Por su parte, José Miguel Carrera, que se encontraba acampado dos kilómetros al sur de El Roble, habiendo sido despertado por el gran ruido de la batalla, mandó a preparar su caballo para acudir a los hechos, en conjunto con sus hombres más cercanos. En el camino, se extravió y fue a dar en medio de una formación de realistas, siendo reconocido y atacado de inmediato. Incluso se encontró con Olate y ambos se dispararon mutuamente, resultando el caballo de Carrera ligeramente herido. Aun así, José Miguel atropelló con su cabalgadura a los pocos realistas que lo acosaban y se dio en huir a todo galope hacia el río, saltando cercos y un poco golpeado, no quedándole otra alternativa que lanzarse a las aguas pues era perseguido. Al otro lado, hizo el quite a los soldados allí apostados, valiéndose de un recodo, para luego galopar 500 metros en dirección oeste, siguiendo el curso fluvial. Cuando comprobó que ya nadie lo seguía, cruzó nuevamente al sur, para ir en demanda de su gente, llegando al campamento alrededor al medio día, cuando todo había ya concluido.   
                El Roble marca la declinación de José Miguel Carrera y el primer ascenso de Bernardo O’Higgins. Antes del término de ese año de 1813, la junta de gobierno, que a la sazón se había trasladado a Talca, dispuso el cambio de uno por otro en el cargo de general en jefe del ejército. Aunque al principio se resistió, a Carrera no le quedó más que resignar el mando y trasladarse a Santiago.  Mas, al pernoctar en las afueras del pueblo  de Penco, en compañía de su hermano Luis, fue sorprendido por la guerrilla de Urrejola, tomado prisionero y llevado a Chillán, a presencia de Sánchez.
                Será liberado posteriormente por los españoles, con el declarado propósito de brindarles  problemas a los patriotas, pues los Carrera volverían  a Santiago a dar un nuevo golpe de Estado. Pero eso ya será en 1814. Por ahora hemos relatado los principales sucesos del segundo semestre de 1813,  en el contexto de las guerras de independencia, de lo cual se está cumpliendo el bicentenario. 
                 


No hay comentarios: