Imperecederas
son las expresiones del Libertador Bernardo O’Higgins Riquelme en El Roble, el
17 de octubre de 1813: “O vivir con honor o morir con gloria, el que se
valiente sígame…”
La
Sorpresa de El Roble fue un hecho de armas de la guerra de independencia,
durante la llamada Patria Vieja, entre las fuerzas realistas enviadas por el
coronel español Francisco Sánchez, quien a la sazón permanecía guarnecido en
Chillán, y el ejército patriota, comandado por el generalísimo José Miguel
Carrera, sobre el paso del Roble, en el río Itata, cerca de su confluencia con
el Ñuble, que empezó como una audaz sorpresa por parte de los realistas,
constituidos en esa oportunidad por disminuidas guerrillas, y culminó como un
gran triunfo para las armas patriotas, el primero después de una serie de
reveses marciales.
Efectivamente,
aquel año de 1813 había resultado funesto para el ejército de la ex colonia americana que daba
sus primeros pasos en su afán de independencia, con un gobierno dictatorial y
revolucionario en la persona del mismo Carrera, y enfrentando una primera
oposición armada virreinal que había desembarcado a comienzos de ese año en San
Vicente-Talcahuano, comandada por el brigadier español Antonio Pareja, el cual,
al fallecer de enfermedad grave en el Sitio de Chillán, había sido sucedido por
el mencionado coronel Sánchez. José
Miguel Carrera en persona, flamante oficial de Húsares de Galicia, se había
puesto al frente de sus hombres y acudido al Sur a dar la batalla, delegando el
poder en la nueva junta de gobierno, constituida por Infante, Eyzaguirre y Errázuriz.
Sin embargo, todos los encuentros armados de ese primer semestre de 1813
resultaron negativos para don José Miguel y sus huestes. Primeramente, porque lo que pretendió ser una sorpresa en
Yerbas Buenas, el 26 de abril, terminó siendo una irónica derrota; y luego, en
San Carlos, el 15 de mayo, una férrea defensa impuesta por los realistas puso a
los soldados patriotas en vergonzosa
dispersión. El broche se obtuvo en Chillán, el 3 y 6 de agosto, en donde Carrera fue a poner sitio con toda pompa y
terminó desbaratado no sólo por la tenaz
defensa contraria sino que fundamentalmente por los rigores del
invierno.
Para
más remate, todo el Sur (léase el territorio comprendido entre el Maule y
Concepción) quedó íntegramente afectado por la guerra y con odio a quienes la
empezaron, o sea los patriotas, y, dentro de ellos, los
Carrera. José Miguel había cometido el error de entregar Talcahuano al saqueo
de sus tropas, comenzando una seguidilla –que después, aunque lo intentó, no
pudo parar- de atentados y abusos en contra de todo aquel hubiese manifestado
su voluntad o reconocimiento para la causa del rey. Se sucedieron así los
arrestos, los juicios sumarios, los crímenes y los fusilamientos, la
confiscación de propiedades y las vejaciones, actos todos llevados a cabo,
primero por funcionarios oficiales, después por simples soldados que corrían
con colores propios, y al final por el bandidaje desatado. Y aquí cayeron no
sólo familias de realistas declarados, sino que también personas neutras, que
eran las más, e incluso familias de patriotas. Pero los del rey no lo hicieron peor,
aunque en forma más selectiva. Por ejemplo, cuando el coronel Sánchez se enteró
de que su esposa e hijas habían sido tomadas prisioneras por los patriotas en
Concepción, envió especialmente al oficial Ildefonso Elorreaga y sus guerrillas
a atacar la hacienda de las Canteras, en Los Ángeles, de propiedad de don
Bernardo O’Higgins, para hacer prisioneras a doña Isabel Riquelme y doña Rosa
Rodríguez, madre y hermana del Libertador, las cuales fueron llevadas a
Chillán. Las Canteras quedó destruida y el Sur, en general, convertido en un
desastre: campos devastados, hombres ausentes, ya sea por la guerra o porque
huían a esconderse, viviendas quemadas,
cercos arruinados, animales libres deambulando por las pampas o los cerros,
mujeres ultrajadas. No había producción
ni abastecimientos, y los Carrera se fueron quedando solos, con un ejército
empobrecido pues el gobierno de Santiago, al tenor de los reclamos, restringió
los suministros y emitió pública amenaza de deponer a don José Miguel de su
cargo de general en jefe. Además,
Sánchez se hizo fuerte en Chillán y desde allí envió piquetes de soldados, al
mando de sus principales oficiales, el nombrado Ildefonso Elorreaga, Clemente Lantaño, Luis Urrejola, Antonio
Quintanilla, Manuel Barañao, todos hombres de la zona por lo tanto expertos y
conocedores de aquellos parajes, a hostilizar, molestar, impedir toda acción de
las fuerzas patriotas. Elorreaga tomó Los Ángeles, Nacimiento, Laja y Arauco.
Lantaño y el guerrillero Luis Antonio Olate, Quirihue y Cauquenes. Incluso los realistas
amenazaron a Concepción. La gente, los campesinos, la población, los apoyaba.
También los mapuches.
Para salir
de este estado de cosas, Carrera requería urgente de un triunfo y por eso
insistió en Chillán, acudiendo, a principios de octubre, con toda su gente a
intentar el asalto y toma de la ciudad que se había convertido en la base de
operaciones de las fuerzas realistas. La tarde del 16, acampó en la ribera sur
del Itata, con el ejército fraccionado en dos divisiones, una de las cuales se
ubicó en el paso del Roble y la otra unos 6 kilómetros más al occidente.
Sánchez había enviado a sus guerrillas a incomodar el avance patriota pero el
guerrillero Olate concibió dar un golpe de sorpresa durante la madrugada, por
lo cual, dejando alguna fuerza en el ribera norte del río, a la vista de los
patriotas acampados en El Roble, cruzó con las fuerzas de Lantaño, Elorreaga y Urrejola un kilómetro más arriba
y atacó desde el sur oriente, mientras las fuerzas ubicadas frente a El Roble hacían
bulla con tambores y clarines y apenas
un cañón.
Los
patriotas acusaron el golpe y tendieron a desorganizarse lo cual habría
sucedido de no mediar el esfuerzo de jefes esclarecidos, como el capitán José
Joaquín Prieto, quien logró reunir un par de pelotones y hacerse fuerte en un cerrito.
Al lugar fueron llegando más jefes con
nuevas fuerzas, los oficiales José María Benavente, Manuel Bulnes y también
O’Higgins quien tomó el mando y enardeció el ánimo de los soldados con sus
arengas no obstante haber sido herido en una pierna. Los patriotas se fueron
haciendo más y más fuertes y terminaron por rechazar a los realistas hasta más
allá del río.
Por su
parte, José Miguel Carrera, que se encontraba acampado dos kilómetros al sur de
El Roble, habiendo sido despertado por el gran ruido de la batalla, mandó a
preparar su caballo para acudir a los hechos, en conjunto con sus hombres más
cercanos. En el camino, se extravió y fue a dar en medio de una formación de
realistas, siendo reconocido y atacado de inmediato. Incluso se encontró con Olate
y ambos se dispararon mutuamente, resultando el caballo de Carrera ligeramente
herido. Aun así, José Miguel atropelló con su cabalgadura a los pocos realistas
que lo acosaban y se dio en huir a todo galope hacia el río, saltando cercos y
un poco golpeado, no quedándole otra alternativa que lanzarse a las aguas pues
era perseguido. Al otro lado, hizo el quite a los soldados allí apostados, valiéndose
de un recodo, para luego galopar 500 metros en dirección oeste, siguiendo el
curso fluvial. Cuando comprobó que ya nadie lo seguía, cruzó nuevamente al sur,
para ir en demanda de su gente, llegando al campamento alrededor al medio día,
cuando todo había ya concluido.
El
Roble marca la declinación de José Miguel Carrera y el primer ascenso de
Bernardo O’Higgins. Antes del término de ese año de 1813, la junta de gobierno,
que a la sazón se había trasladado a Talca, dispuso el cambio de uno por otro
en el cargo de general en jefe del ejército. Aunque al principio se resistió, a
Carrera no le quedó más que resignar el mando y trasladarse a Santiago. Mas, al pernoctar en las afueras del pueblo de Penco, en compañía de su hermano Luis, fue
sorprendido por la guerrilla de Urrejola, tomado prisionero y llevado a
Chillán, a presencia de Sánchez.
Será
liberado posteriormente por los españoles, con el declarado propósito de brindarles
problemas a los patriotas, pues los
Carrera volverían a Santiago a dar un
nuevo golpe de Estado. Pero eso ya será en 1814. Por ahora hemos relatado los
principales sucesos del segundo semestre de 1813, en el contexto de las guerras de
independencia, de lo cual se está cumpliendo el bicentenario.

No hay comentarios:
Publicar un comentario