La conquista del Polo Sur se
logró a través de varias expediciones europeas de fines del siglo XIX y
principios del siglo XX, las cuales fueron jalonando la ruta de acceso a la
meseta central donde se encuentra el Polo y aportando al conocimiento
universal, expedición tras expedición, nuevos y esclarecedores
descubrimientos geográficos. Pero los
principales en esta lucha fueron los británicos y los noruegos los cuales
protagonizaron en 1910 una verdadera carrera por llegar en forma pionera al
Polo, con consecuencias trágicas para los ingleses.
Efectivamente Robert Scott, inglés,
quien ya había estado muy cerca de su meta con la Expedición Discovery, en
1903, alcanzando los 82° 17” (aunque Shackleton, su compañero en este viaje, y
después su rival, alcanzó, en 1909, los 88°23”) organizó una nueva expedición,
la Terra Nova, con la cual salió de Gales en julio de 1910, llevando 65 hombres
especializados y un equipo que incluía
34 perros siberianos y 19 caballos manchúes, además de 3 trineos oruga motorizados. Llegaron a
Oceanía el 12 de octubre, para salir desde Nueva Zelanda hacia la Antártida el
29 de noviembre y terminar instalándose en la costa del Mar de Ross, Estrecho
de McMurdo, ya el 4 de enero de 1911. Todo ese año 1911 la expedición lo dedica
a la exploración científica y al avance de rutas de apoyo y depósitos de
víveres hacia el Polo, punto hacia el cual emprenden rumbo sólo el 24 de
diciembre, con 16 hombres de los cuales saldrían los señalados para alcanzar la
meta. El 4 de enero de 1912 Scott y cuatro de estos hombres escogidos emprenden
el ataque final al Polo, tirando ellos mismos de sus equipos sobre trineos, por
muerte de todos los ponis.
Por su lado, el noruego Roald
Amundsen había organizado ese mismo año de 1910 una expedición al Ártico. Pero,
al enterarse de que el Polo Norte ya había sido conquistado por los norteamericanos
Cook y Peary, cambia de planes y decide dirigirse a la Antártida, sin decírselo
a nadie, ni siquiera a su gente a bordo de la nave polar “Fran”, saliendo de
Oslo el 3 de junio para sólo, estando recalado en islas Madeiras, dar a conocer
públicamente su nuevo objetivo y enviar un telegrama a Scott quien lo recibió cuando
estaba en Melbourne el 12 de octubre. El 14 de enero de 1911 la expedición
noruega llega a instalarse a la Bahía de las Ballenas, en el borde de la
Barrera de Hielos Ross, a sólo 700 kilómetros del campamento de Scott en la isla
Ross. Llevaba equipo especializado, especialmente trineos, y 116 perros groenlandeses. El primer semestre de 1911, los
noruegos lo dedicaron a mejorar sus equipos e instalar puestos de avanzada y de reaprovisionamiento de vituallas hacia el
Polo. El 8 de septiembre intentaron su primera salida, con 8 hombres y 56
perros, pero sólo pudieron llegar a los 82°, debido a una gran tormenta,
decidiendo dejar las provisiones en el lugar y volver al campamento base, el
Franheim. El 19 de octubre emprenden el viaje definitivo, atacando la meseta
antártica el 21 de noviembre y arribando al Polo el 14 de diciembre. Allí
enarbolaron la bandera de su país y dejaron dos cartas, una para el rey de
Noruega y otra para Scott (por si se perdían al regreso). La expedición
completa estuvo de vuelta en Franheim el 25 de diciembre, con todos sus hombres
a salvo y 11 perros sobrevivientes.
Scott llegó a la meta sólo el 17 de enero de 1912, 19 días después, y
sufrió gran decepción al comprobar que los noruegos se le habían adelantado
(“Este es el peor viaje del mundo”, dijo). Al regreso perecieron tanto él como
sus cuatro compañeros, de frío, hambre y cansancio.
Después de estos acontecimientos hubo muchos viajes a la Antártica, en
todas las modalidades posibles, a pie, en esquíes, o motorizados, también por
vía aérea, en equipos o en forma solitaria, cruzándola de un mar a otro, de
forma tal que en la actualidad todos los rincones del continente helado se
encuentran explorados. Allí operan más de 25 bases pertenecientes a 20 naciones
distintas, adscritas al Tratado Antártico, de 1959, el cual mantiene congeladas
las reclamaciones territoriales de soberanía en la zona y en general dispone de
su uso sólo en fines pacíficos y de investigación científica. Chile, al igual
que Argentina, la histórica Noruega y los 4 grandes, que son Gran Bretaña,
Francia, E.E.U.U y Rusia (que reemplazó a la Unión Soviética), son 7 de los 12
suscriptores originales de Tratado Antártico,
quienes poseen mayores atributos para las ganancias en soberanía. Los
otros son Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Japón y Bélgica. De todas
maneras, el Tratado Antártico tiene hoy 50 suscriptores.
En la actualidad, se encuentra en marcha otra aventura en el continente
helado. Se trata de la expedición del británico Ranulph Fiennes, que pretende
atravesar el continente por primera vez en pleno invierno, para lo cual ya
partió de Londres en diciembre pasado, en el barco sudafricano rompehielos S.A.
Agulhas, y se encuentra en este minuto navegando rumbo a la base antártica
soviética Novolareskaya, ubicada en la parte este de la Antártida. Su plan es
comenzar a avanzar sobre la planicie helada el 21 de marzo, fecha del
equinoccio de otoño, para encontrarse en pleno invierno, que en la Antártida se
inicia el 21 de mayo, de lleno en su afán de cruce hasta el otro lado, la base neozelandesa
Scott, sobre el Mar de Ross, adonde espera llegar el 21 de septiembre, en el
equinoccio de primavera. Allí los irá a buscar el S.A. Agulhas.
Fiennes, de 68 años de edad, es un aventurero y novelista inglés que ya
ha estado en los dos polos por lo cual se le conoce como “el más grande
explorador vivo”. Se hizo famoso por la circunnavegación global por el
meridiano 0 y por haber ascendido el Everest a los 65 años, constituyéndose en el hombre de más edad en
haber logrado este reto del montañismo, y lo hizo por uno de los lados más
difíciles de esa montaña, la cara norte (North Face). En homenaje a Scott, ha
bautizado a esta nueva aventura polar como “El Viaje más Frío” (The Coldest
Journey), porque tendrán (él y los 5 hombres que le acompañarán) que soportar
temperaturas de hasta 90° bajo cero (aunque la más baja registrada es de 87° bajo
cero) y además tendrán que sobrellevar la larga noche polar austral que dura 6
meses, la mitad de ellos de completa oscuridad, en los casi 4000 kilómetros que
tendrán que recorrer; a todo lo cual se
agrega el hecho de que, por la época del año y las adversas circunstancias
ambientales, no podrán recibir ayuda alguna hasta la primavera.
Para tal notable viaje, Fiennes lleva 200 toneladas en equipo: 14
trineos de combustible y 3 trineos de última generación de los cuales 2 serán
utilizados como viviendas y despensa y uno como laboratorio científico. Todo
tirado por dos bulldozers movidos por combustible de avión delante de los
cuales irán dos hombres a pie sobre esquíes, premunidos de cascos con radares
que irán detectando la existencia de grietas en el hielo en 30 ó 40 metros
adelante. Llevan alimentación para un año (el doble de la necesaria),
liofilizados y también fruta deshidratada y suplementos nutricionales para
deportistas. Su objetivo es realizar estudios sobre el impacto del
calentamiento global y el estado del hielo en la Antártida y también estudios
oceanográficos y glaciológicos cuando estén en el mar, para lo cual la gran
mayoría de sus hombres, tanto los que quedan en el barco como los que le
acompañen sobre el hielo, son científicos.
Sin embargo, para los científicos en general lo más importante es el
estudio del comportamiento del hombre en circunstancias extremas que sólo se
dan en la Antártida, para lo cual uno de los exploradores, que es médico, irá
tomado muestras acerca de las reacciones fisiológicas y psicológicas de los
hombres sometidos a frío extremo y oscuridad continua y aislamiento en un lugar
donde no hay posibilidad de abandono o de ayuda externa. Su objetivo es evaluar
estas condiciones humanas para un próximo viaje a Marte, por lo cual ellos han
denominado a esta expedición “Marte Blanco” (White Mars), pues el planeta rojo
registra temperaturas promedio de -55°C. En el fondo, lo que quieren es probar
que los humanos no sólo pueden sobrevivir, sino prosperar en cualquier ambiente
extremo ya sea en este planeta o en otro.
Y también está la parte anecdótica de la aventura. Hace cien años
británicos y noruegos se embarcaron en una carrera para llegar los primeros al
Polo Sur. Ganaron los noruegos por poco, algo que los británicos nunca han
asimilado del todo. En esta oportunidad, los noruegos ya hicieron un viaje
parecido en el Ártico, trascendiendo que mantienen la idea de repetirlo en la
Antártida. Entonces fue que Fiennes dijo, en representación de los británicos,
y con la tradicional flema de los ingleses, “tendremos que darnos luego una
vuelta por allí”.
Capaz que los noruegos aparezcan anunciando a última hora que también
hacen rumbo al océano glacial antártico a intentar idéntica aventura que los
británicos. Como en 1910.


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