lunes, 28 de enero de 2013

Mejillones y su Relación con el Huáscar



                Con beneplácito hemos ido siguiendo la noticia del descubrimiento del antiguo cementerio de Mejillones, en donde fueran sepultados los muertos del célebre Combate Naval de Angamos, el 9 de octubre de 1879, hecho del cual da cuenta el Diario Electrónico de Mejillones y en el que han tenido especial protagonismo nuestros coterráneos Wilfredo Santoro y Florentino Novoa. 
                Para los mejilloninos antiguos, que crecimos leyendo “Adiós al Séptimo de Línea”, el hecho histórico de la sepultación de los restos del almirante Grau en nuestras tierras fue siempre una convicción, al margen de que nadie nos diera nunca alguna referencia más específica de la localización exacta de ese camposanto, resultando a lo menos sospechoso que ninguna autoridad ni institución de orden cultural se alzase para erigir siquiera una placa recordatoria.       
                Intuíamos que dicho lugar pudiese haber sido el mismo conocido por todos como el “cementerio boliviano”, en las faldas del cerro de las covaderas, casi colindante con el mar, del cual desde pequeños apreciamos sus cruces y tumbas de madera cada vez que íbamos por La Caleta, pero con el tiempo se fue asentando la premisa certera de que este cementerio es de una data muy posterior a la Guerra del Pacífico. Posteriormente, en más de alguna ocasión escuchamos que, realizándose trabajos camineros o de construcción, se había descubierto algunos huesos en plena pampa y que los mismos tenían vestigios de haber sido marinos (uniformes, galones, etc.) pero del lugar mismo no se daban indicios. Hasta que ahora, a más de 130 años de ocurridos los hechos (el Combate y la sepultación de los caídos en él), en que Wilfredo y Floro nos dan la feliz noticia del hallazgo definitivo de esos restos históricos.
                Efectivamente, en su combate del 8 de octubre de 1879 en aguas afuera de la bahía de Mejillones, contra los blindados “Cochrane” y “Blanco Encalada” de la amada nacional, en el marco de la campaña naval de la Guerra del Pacífico, el “Huáscar” sufrió la muerte de 31 de sus hombres (y tres desaparecidos). El primero en caer fue su comandante, el contraalmirante Miguel Grau, al cuarto o quinto disparo del “Cochrane”, que alcanzó la torre de mando, ubicada en el puente, detrás de la torre de combate, la penetró y explotó adentro causando gran destrozo. Con él cayó el teniente 1° Diego Ferré, su ayudante, que se encontraba justo debajo, en el entrepuente, que era su lugar de combate, en el departamento de la torre, transmitiendo las órdenes del comandante hacia la máquina y los timoneles. Cayó víctima de la onda expansiva de la explosión, de aquellas terribles bombas Palliser, por primera vez usadas en acción armada real, que tenían la particularidad de ser granadas sólidas y endurecidas, penetrantes de cualquier blindaje, y de explosión retardada por llevar la cavidad de su punta rellenada con pólvora cuyo encendido se activaba con el impacto. También la torre giratoria de los cañones, la torre Cowles, fue alcanzada varias veces por estos terribles proyectiles. Allí murieron el segundo y tercer comandante del buque, el capitán de corbeta Elías Aguirre, y el teniente 1° José Melitón Rodríguez, y resultaron gravemente heridos el capitán de fragata, mayor de órdenes de la armada peruana, Manuel Melitón Carvajal, y el teniente 2°, telemetrista, Enrique Palacios. De la  misma manera, murieron (o quedaron gravemente heridos) la mayoría de los artilleros, casi todos ellos de nacionalidad inglesa y algunos alemanes, y los marineros que manejaban la ronza de la torre, abajo, accionando a mano un cigüeñal.   
                Todos los fallecidos fueron enterrados en el cementerio de Mejillones, al día siguiente del combate, mientras los heridos eran trasladados a los distintos buques para ser atendidos por los respectivos cirujanos.  Además de Carvajal y Palacios, resultaron heridos de diversa consideración el mayor de ejército, jefe de la guarnición del buque, José M. Ugarteche, los tenientes 2° de marina Gervasio Santillana y Fermín Diez Canseco, el alférez de marina Ricardo Herrera, el cirujano Santiago Tavara y los capitanes de ejército, jefes del destacamento Ayacucho y la columna Constitución, a bordo de Huáscar, Mariano Bustamante y Manuel Arellano. De ellos se sabe que Palacios fue embarcado rumbo a su patria dado la gravedad de sus heridas pero que falleció a los dos días a la cuadra de Iquique y que los demás fueron trasladados en calidad de prisioneros a la zona central de Chile, a Valparaíso, Santiago y San Bernardo, siendo posteriormente intercambiados por prisioneros chilenos que permanecían en Perú. También se sabe que Diez Canseco siguió combatiendo en la guerra, presentándose voluntario en Arica, en donde murió en la toma del Morro. Y que Santillana fue designado oficial de la corbeta peruana “Unión”   la cual fue hundida en El Callao por sus propios tripulantes después de la batalla de Miraflores. El doctor Tavara también prestó grandes servicios a su patria en la continuación de la guerra, optando por exiliarse voluntariamente a Panamá cuando Chile ocupó a Lima. Se recuerda también a Juan Alfaro, contador el Huáscar. Él fue el oficial designado por el teniente Pedro Garezón, el último comandante de la nave al caer capturada, para poner señas indicatorias en los cuerpos de los jefes  Aguirre, Ferré y Rodríguez al momento de su sepultación en Mejillones. Después de su etapa de prisionero, una vez vuelto a su patria, se retiró de la Armada y  contrajo matrimonio, pero en el momento de la inminente llegada de las fuerzas chilenas a Lima, pidió su ingreso al ejército, siendo designado oficial de artillería y muriendo en un fortín en Miraflores. 
                De la tripulación no se dan mayores noticias, aunque fueron más de 20 los heridos. Sólo se sabe que cada 8 de octubre, aniversario del Combate, se juntaban, vestían su antiguo uniforme, y eran celebrados por su pueblo. Entre ellos se recuerda al grumete Alberto Medina, de raza afroamericana, al igual que todos los componentes de la columna Constitución, a la que pertenecía, el cual fue uno de los últimos  sobrevivientes de esa tripulación ya que falleció recién  en 1948. El último realmente fue  el aspirante Elías Bonnamaison quien tenía apenas 18 años en Angamos. Falleció en Lima en 1961 a los 99 años de edad. Hay un libro de reciente aparición en Perú, del autor Manuel Zanutelli, que investiga acerca de estos combatientes anónimos: “El Almirante Grau y la Plana Menor del Huáscar”. Bueno sería tenerlo.
                Las crónicas históricas lo dicen: en la noche del 8 al 9 de octubre de 1879 se realizó el velatorio de los oficiales del Huáscar en Mejillones, y el 9 se celebró una misa al amanecer y otra a las 7,30 horas, dejando la última de las tres programadas para el momento del sepelio. “Concluidos los oficios fúnebres, los restos fueron transportados al cementerio seguidos por un lucido cotejo y los batallones Chacabuco y Zapadores en columna cerrada con la banda de música a la cabeza y las cajas e instrumentos destemplados. La colocación que se dio en la sepultura a los cadáveres es la siguiente: a la derecha del almirante el Sr. Aguirre y a la izquierda el Sr. Ferré. La tumba está situada a  la entrada del cementero, a mano derecha”. (Boletín de la Guerra del Pacífico 1879-1881; Editorial AndrésBello, Santiago, 1979). Ahora sabemos que los cuerpos de estos tres oficiales jefes, además del teniente Rodríguez, fueron enviados a exhumar por el gobierno de Perú en su momento, para darles sepultura en la cripta de los héroes, en Lima, quedando enterrados en el antiguo cementerio de Mejillones sólo los restos de 28 miembros de tripulación. Al respecto, el parte del mayor de órdenes de la Escuadra nacional, teniente de corbeta Luis Anacleto Castillo Goñi, el 10 de octubre de 1879, señala: Muertos del Huáscar, 4 oficiales y 27 individuos de tripulación; heridos en Mejillones, 3; desaparecidos, 4; prisioneros en los buques, 162. Total, 200 hombres, correspondientes a la dotación del Monitor al entrar en combate. Intuimos que uno de los heridos que quedaron en la ambulancia de Mejillones falleció después víctima de sus heridas, para enterar los 28  tripulantes del Huáscar que consigna el Diario Electrónico como aún sepultados en el antiguo cementerio de nuestro pueblo, recién redescubierto por nuestros amigos Wilfredo y Florentino a quienes, desde aquí, enviamos nuestras más sinceras felicitaciones por tan importante hallazgo y, como mejilloninos antiguos, habitantes de otras tierras de la patria, nuestros agradecimientos por el denodado esfuerzo entregado a la causa de la cultura e investigación histórica de lo que es nuestro pueblo en común.
                Nos inclinamos a pensar que el reconocimiento de este hallazgo como oficial y la preservación del recinto como de conmemoración histórica y monumento nacional, será la mejor recompensa a tal esfuerzo descubridor.
                   
                  
               

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