Cuando el
Mercedes 320 descapotable y pintado negro verdón tomó la cerrada curva de la
calle Armady, el joven que lo esperaba en
la vereda extrajo el arma de su maletín y,
quitándose la gabardina para ponerla recogida sobre el brazo, bajó al empedrado
a situarse en medio de la ruta, en donde, haciendo un cuarto de giro a la izquierda, apuntó
el fusil ametralladora Sten directamente a las dos figuras que tripulaban el
vehículo el cual aprontaba la
aceleración para volver a la recta. Entonces,
el joven apretó el gatillo. Mas el arma emitió solamente un sonoro “click”.
“HHhH”1 es el título de un libro que
leí durante las pasadas vacaciones de
invierno, y que no había tenido oportunidad de comentar. Trata de un tema que tiene como fondo el
régimen totalitario más cruel de la historia, el régimen nazi, y algunos
aspectos de la Segunda Guerra Mundial. Pero es un libro apasionante, y, para los interesados
en la historia, constituye una obra sucinta sobre los orígenes y el desarrollo
del nazismo, hasta el año 1942, con bastante mención sobre aspectos de sus
principales líderes (además de Hitler), Heydrich, Himmler, Goebbels, Goering, Bormann,
Frank, y sus instituciones de fuerza,
las SA, la SS, la Gestapo, la Wermacht, etc. Su autor, el joven sociólogo francés, Laurent Binet
-que debuta en la literatura con esta obra muy premiada-, se nos aparece como
un intelectual consumado, que investiga concienzuda y minuciosamente su tema,
con pasión, con rigurosidad, hasta con ardor, entregándonos una obra que puede
ser tanto una novela, como un ensayo histórico o una investigación
periodística, o todo al mismo tiempo. Lo
cierto es que en su lectura no sólo se va desarrollando el argumento abordado sino que el autor va también ofreciendo una descripción sobre la forma de ejecución
del escrito y su dilema de transitar entre lo ficticio o lo real, lo que
contribuye a dar más dramatismo a la
historia que quiere contar.
El tema central
es la “Operación Antropoide”, montada en
1941, en plena Segunda Guerra Mundial, en Londres, en contra del cruel “Protector de Bohemia - Moravia”, Reinhard
Heydrich, en la Checoslavaquia ocupada por el expansionismo nazi. Joseph Gabcik y Jan Kubis son dos suboficiales
del ejército checoslovaco en el exilio que se arrojan en secreto la noche del 28 de diciembre de ese año en paracaídas sobre
suelo praginés. La verdad es que esa vez, a bordo del bombardero británico
Halifax, había otros cinco paracaidistas (de allí el título de película “Siete
Hombres al Amanecer”, filmada en 1960), todos con misiones distintas y
absolutamente cifradas, de acuerdo a la organización dada por el gobierno checo
en Londres, con apoyo del alto Mando Aliado. De manera tal que el tiempo
transcurrido entre diciembre de 1941 y mayo de 1942, en que se consumó el
atentado, fue utilizado por los jóvenes comandos
en la preparación del golpe, disfrazados, ocultos por los partisanos y los
patriotas checos, buscando la mejor forma de proceder sin morir en el intento,
aunque ellos mismos y todos los que estaban conjurados en el hecho, sabían
desde el principio que esa era una misión suicida.
La Segunda
Guerra Mundial fue consecuencia directa de los resultados de la Gran Guerra del
14 y el Tratado de Versalles, de 1919. Oprimida Alemania por las naciones
vencedoras, cercenado su territorio, disminuidos su ejército y armada y
obligada a pagar las “reparaciones”, circunstancias todas agravadas por la gran
crisis económica mundial de 1929, no tardaron en aparecer en su seno los
movimientos ultra nacionalistas, predicantes del reivindicacionismo extremo y gestores de un clima
sobre ideologizado que se convirtió en caldo de cultivo para la aparición del
nazismo, con sus líderes Hitler, Röhm, Strasser, Rosenberg, Hess, entre otros, dando lugar a la teoría del
Lebensraum, o espacio vital, verdadero sustento de los deseos nacionalistas e imperialistas del
nuevo régimen. El primer paso de este derrotero de expansionismo fue la anexión
de Austria (el “Anchluss”), seguida por la incorporación de Checoslovaquia, motivada
por la “Crisis de los Sudetes” y basada en las “Conferencias de Munich”. Cuando
los alemanes trataron de recuperar el corredor de Dantzing, en la Prusia
oriental, invadiendo Polonia, explotó la Segunda Guerra Mundial, el 1° de
septiembre de 1939.
Para el cumplimiento
de su misión, después de estudiar varias posibilidades, Gabcik y Kubis escogieron
el suburbio de Holeschowitz, de Praga, en donde el camino de acceso a la ciudad
toma la forma de una pronunciada curva, flanqueando una glorieta arbolada y
provista de rejas. No era el mejor lugar, por ser urbano (la calle Armady), con afluencia de público, circulación de
automóviles y ciclistas, y que para colmo era cruce de tranvías; pero la falta
de medios impedía a esos vengadores utilizar un sitio más apropiado, en donde
pudieran detener el auto y atacarlo sin revestir peligro para terceros y, en lo
posible, huir. Heydrich vivía en una mansión ubicada en las afueras, y cada día
tomaba ese camino de ida y regreso, cruzando campos escasamente poblados, por
una larga y recta carretera, antes de ingresar al centro de la ciudad, y solamente
acompañado por su chófer Sólo a veces llevaba escolta blindada. Pero el checo
y el moravo llegados de Londres no contaban con que una brizna de pasto
encasquillaría la Sten.
Reinhardt
Tristán Eugen Heydrich, nació en 1904, en Halle, región de Sajonia, Alemania,
en una familia de clase media acomodada. Hijo de músicos (su padre era compositor
y cantante de ópera en la ciudad y su madre administradora del conservatorio),
destacó desde pequeño en violín, y también en gimnasia y esgrima, siendo su
infancia la de un niño alemán normal de principios de siglo XX. Sin embargo,
arrastraba sus taras mentales: su abuela materna había casado en segundas
nupcias con un ciudadano de apellido Süss, de origen judío, lo que determinó
que, en una sociedad de antisemitismo visceral, tuviese que luchar siempre
contra la discriminación y la suspicacia, pues ese dato lo aprovecharon tanto
sus enemigos, rivales y competidores como sus amigos y protectores. Sufría
también con su apariencia física. Siendo un germano típico, alto, rubio, de
ojos celestes, se sentía demasiado desgarbado (casi no habían tallas de ropas
para él), y le afeaban su nariz casi ganchuda
y su rostro alargado y en general de rasgos “aquilinos”. Pero lo peor
era su voz de falsete, chillona, sufriendo que de chico le dijeran “la Cabra”. Además
el autor apunta otro rasgo de su
biografía que explicaría el comportamiento brutal y violento de su corta vida de adulto: su
expulsión de la marina germana cuando era un prometedor cadete, debiendo
reintegrarse, en 1931, a la sociedad civil, pero como cesante, y en plena época
de recesión económica. Y todo por un lío de faldas, acontecimiento que le
marcaría para toda la vida. Entonces fue que se acercó al nazismo.
El sargento
Joseph Gabcik tiró varias veces del gatillo, no logrando disparar su arma y sin
atinar a hacer algo distinto pese a que llevaba encima un Colt 9 mm de reserva. Aterrado, vio
cómo la que se suponía su víctima, el obersgruppenfürehr SS, Reinhard Heydrich,
la “bestia rubia”, el “verdugo de Praga”, se erguía de su asiento del automóvil
echando mano a su Lugger; y, en un gesto
inesperado, huyó despavorido cuesta arriba, lanzando lejos la Sten, siendo
perseguido por los disparos del alemán. La explicación más atendible que han
dado los historiadores acerca del encasquillamiento de la subametralladora, es
que su mecanismo de disparo habría sido obstruido por una mota de suciedad, en
este caso, pasto. Porque en aquellos
tiempos, de guerra, privación y necesidad, los invadidos praguenses
acostumbraban a criar conejos en sus viviendas, para alimentarse, y por ello
solían acarrear atados de pasto en sus bolsas, mochilas y morrales. Seguro que
Gabcik pensó que la presencia de pasto seco en su maletín, colocado allí
justamente para ocultar la Sten, sería una buena excusa ante el control de una patrulla nazi, dado que la ciudad,
ocupada por fuerzas extranjeras, estaba llena de controles que actuaban ante la
más mínima sospecha.
Heydrich se
incorporó a los Freikorps (Cuerpos Libres, milicias armadas, fuerzas de choque
popular creadas por el nazismo), en donde progresó hasta escalar al círculo de
seguridad interna (contraespionaje y delación). Cuando los freikorps se convirtieron
en SS, con Heinrich Himmler como líder, Heydrich asumió como jefe de seguridad
e información internas, siendo sus armas principales la manipulación, la extorsión, el espionaje y
el complot, y pronto asumió también el mando de la Gestapo. Por algo, Hitler
mismo lo consideraba “el hombre más peligroso del Reich”, y los líderes nazis
veían en él una mezcla de ferocidad y eficacia que, unidas a su lealtad para
con el caudillo y la causa, lo constituían en el hombre ideal para el afán de supremacía
y dominación. Su máximo esplendor lo vivió con la creación de la RSHA, la
Oficina Central de Seguridad del Reich, que unió a todas las policías, la
criminal, la política y la de espionaje, bajo su mando. Obras magnas de su
actuar fanático en la Alemania de la época de pre guerra fueron la Noche de los
Cristales Rotos, ataque a la propiedad judía, y la Noche de los Cuchillos
Largos, o neutralización de los sospechosos y adversarios del régimen. También
ideó la estratagema de Gleiwitz, en la frontera germano polaca, que sirvió como
excusa para la invasión nazi a este último país. Era un hombre complicado
Heydrich, conspiró contra Gran Bretaña y la URSS ya antes de la Guerra, y sus
propios camaradas y hasta sus jefes le temían.
Al ver el
desenlace de los sucesos, el acompañante de Gabcik, el sargento Jan Kubis
activó la segunda parte del plan, sacando de su propio maletín una granada
antitanque refaccionada la cual arrojó al Mercedes, haciéndola explotar en el
suelo al lado derecho trasero del auto, tan potentemente que éste fue levantado
a un metro de altura y Kubis derribado de espaldas, con heridas de esquirlas en
el rostro. Cuando el paracaidista logró reincorporarse, y vio que el chofer,
Klein, un alemanote de 2
metros de altura, se le iba encima con su pistola,
también huyó, disparando al aire para espantar a los curiosos que ya empezaban
a congregarse. No alcanzó a ver que Heydrich avanzó sólo unos pasos en la
persecución de su compañero, para caer desfalleciente sobre la verja de la
glorieta. Grandes trozos de esquirlas metálicas habían alcanzado al líder
alemán por la espalda y las heridas se complicarían por mezcla de su sangre con
restos orgánicos del asiento del automóvil. Murió de septicemia a los 8 días.
Como se dice
en chileno, Heydrich le había hecho la cama al primer Protector de Bohemia y
Moravia, el general Von Neurath, presentando ante el Fürehr un detallado
análisis de la situación en Chequia, en donde, según él, había cundido la
resistencia y aflojado la disciplina de ocupación, por relajo de los jefes.
Además, el esfuerzo de guerra alemán, con acciones en varios frentes, requería
con urgencia de la industria checa, dado sus grandes fábricas, como la Skoda,
para elaboración de armas y municiones. Por lo tanto, según el análisis, se
hacía necesario exigir y apremiar más. Como resultado, Neurath fue destituido y
Heydrich asumió el Protectorado, con consecuencias inmediatas: ley marcial, arresto y fusilamiento de todos los militares
sospechosos, deportaciones en masa de judíos y disposición de su confinamiento
en los campos de concentración. Heydrich
tiene a su triste haber la creación de los “Einsantzgruppen”, o batallones de
separación y fusilamiento, y de haber sido el principal organizador de la
Conferencia de Wansee, en donde se dio el vamos a la llamada “solución final”
del caso judío, esto es, el Holocausto. De allí que el presidente checo en el
exilio Edvar Benes, apoyado por Winston Churchill, organizara una acción en su
contra, como castigo y forma de mantener en alto el espíritu de los
checoslovacos, ocupados militarmente, sojuzgados y vilipendiados por la
dictadura nazi.
Pero la
venganza por la muerte de Heydrich fue salvaje. Cientos de checos, hombres,
mujeres y niños, fueron arrestados, encarcelados, fusilados, gaseados. El
cercano pueblo de Lídice, adonde condujo una de las pistas, fue arrasado desde
sus cimientos, y su población masacrada. Todo como signo de vendetta y efecto
demostración y también como forma de incitar a la denuncia de los culpables del
atentado. Y resultó porque uno de los comandos, de apellido Kurda, de una de
las misiones paralelas a Antropoide, finalmente cedió y se presentó a delatar a
los jóvenes checos, que, junto a otros paracaidista furtivos, hasta completar
un total de 7, se habían refugiado en el sótano de la iglesia San Cirilo y
Metodio, en pleno centro de Praga, hasta
donde fueron los nazis a buscarlos: 7 comandos checos contra 600 SS. La batalla
duró 12 horas, hasta la muerte de todos esos patriotas, los últimos por su propia
mano y decisión.
Así concluyó
la historia de la Operación Antropoide, una de las más emocionantes de la
Segunda Guerra Mundial, que Laurent Binet nos cuenta con prolijidad y estilo en su libro HHhH, de Editorial Planeta,
Santiago de Chile, 2011; muy buena lectura, que recomiendo.
_______________________/
Notas e Imágenes
1.- HHhH, es una sigla que, en alemán, significa "Himmlers Hirn heiss Heydrich", El Cerebro de Himmler se llama
Heydrich"
2.- Una de las portadas del Libro.
3.- El Mercedes Bez descapotable, accidentado
4.- Subametralladora Sten
4.- Subametralladora Sten
5.- Iglesia de San Cirilo y Metodio
6.- Monumento a los paracaidistas, en Praga actual.
6.- Monumento a los paracaidistas, en Praga actual.

.jpg)

.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario